miércoles, 6 de septiembre de 2017

A propósito de Cataluña: Razonemos (I)


[Tal como anunciábamos el pasado sábado, nuestro querido amigo y compañero Julio Anguita iba a dedicar una amplia reflexión al tema de Cataluña. Este artículo inaugura la serie]
Estupefacción, malestar, cuando no asco, son las impresiones que a muchos ciudadanos nos producen los mensajes de la web, los comentarios de muchos tertulianos y las declaraciones de cargos políticos sobre la convocatoria, políticamente impecable pero legalmente bastante chapucera, del referéndum en Cataluña el próximo día 1 de octubre. Voy a obviar, por ahora, los insultos, las descalificaciones y las zafiedades propias del matonismo y la ignorancia ultras, para centrarme en el desarrollo de una lógica: la del texto fundamental de nuestro ordenamiento jurídico-político, en atención a aquellas personas que discrepando de esa convocatoria no se dejan llevar por lo peor de sí mismas.
Se suele argumentar que el texto constitucional de 1978 no puede ser incumplido ni vulnerado por la actuación unilateral del Parlament y del Gobierno de la Generalitat. Lo cierto es que, a estas alturas, lo de incumplir la Constitución resulta ya una práctica cotidiana cuando ésta es incumplida y obviada en el momento en que sus contenidos de política social o económica no sólo no se aplican, sino que se gobierna contra ellos, especialmente en lo referente a los Títulos Preliminar y VII. No olvidemos tampoco aquella malhadada reforma constitucional del artículo 135 por la que los Derechos Sociales de la ciudadanía quedaban relegados en función de priorizar el pago de una deuda de dudosa legitimidad. Todo un ataque frontal a los Derechos Fundamentales recogidos en la Constitución.
Recordemos además las reiteradas llamadas de atención y condenas que la ONU o el Tribunal Superior de Justicia Europeo, le hacen al Reino de España sobre incumplimientos de DDHH y otros contenidos constitucionales. Puede decirse en puridad que el referéndum de Cataluña es un hecho que jalona el proceso de degradación de nuestro llamado Estado de Derecho. El andamiaje sobre el que se construyó la Transición hace tiempo que fue superado por la realidad económica, social, política, institucional y cultural. El pacto constitucional de 1978 se hizo sobre los malabarismos conceptuales y políticos que aquella difícil situación demandaba. Por eso hoy, los problemas no resueltos vienen a cobrar las facturas pendientes cuyo pago, por las razones aducidas, no se hizo en tiempo y hora. Pero, vayamos al grano.
El artículo 2 de la Constitución dice literalmente:
La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible todos los españoles y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre ellas.
Del texto se deducen dos afirmaciones claras y una consecuencia lógica. La primera afirmación es la de la Nación española patria común e indivisible. La segunda es la de que existen dos conjuntos territoriales diferenciados:nacionalidades y regiones. La consecuencia es obvia, alguna diferencia deberá haber entre ellos al tener denominaciones distintas. ¿Responden a contenidos distintos las palabras, nación y nacionalidad? Aquí subyace una parte del conflicto que hoy comentamos. Veamos algunas opiniones sobre esta cuestión.
Los siete diputados que formaron la ponencia constitucional (por eso fueron llamados padres de la Constitución) opinaban lo siguiente:
Para Manuel Fraga (AP) catedrático de Derecho Constitucional, nación y nacionalidad son términos con igual significado. Por esa razón se opuso a incorporar la palabra nacionalidad al texto de la ponencia. Igualmente opinaban así Gregorio Peces Barba (PSOE), catedrático de Filosofía del Derecho, Jordi Solé Tura (PCE-PSUC), catedrático de Derecho Constitucional y Miquel Roca i Junyent (CiU), profesor de Derecho Constitucional. Es más Peces Barba llegó a plantear que España era una nación de naciones. Por su parte Roca afirmó que la nacionalidad era una nación carente de Estado. Los tres restantes ponentes y juristas de profesión, que militaban en la UCD, José Pedro Pérez LLorca, Miguel Herrero y Rodriguez de Miñón y Gabriel Cisneros, no veían conveniente la introducción del vocablo nacionalidad por las consecuencias que podía acarrear en un futuro. El caso es que esta cuestión produjo debates intensos en el seno de la Comisión redactora, en el mundo político y en el del Derecho. Finalmente se llegó al pacto y ambas palabras fueron introducidas en el texto constitucional. ¿Por qué?
Si alguna definición se podía hacer de la España de entonces era la de una no -dictadura formal. Suárez era un Presidente cuestionado por sus antiguos correligionarios del régimen franquista que seguían controlando muchas instituciones y bastantes resortes del Estado. La presión de los militares (sobredimensionada interesadamente por tirios y troyanos) era una nostalgia del pasado sin proyecto de futuro, pero constituía una fuerte presión psicológica. Sin embargo, la presión de los poderes fácticos de la economía que necesitaba el pedigrí constitucional para poder acceder al Mercado Común era la definitiva.
Y todo ello en el marco de una grave crisis económica, un altísimo índice de paro y graves problemas sociales de toda índole. Por esa razón se impuso que la palabra nacionalidad se plasmase en el texto constitucional. Los hijos del franquismo, en aras de lo que llamaron intereses generales, tuvieron que aceptar un término que, junto el Derecho de Autodeterminación, era una de las señas de identidad de la izquierda combativa y clandestina (especialmente el PCE) y los también perseguidos nacionalistas del PNV, CiU y otros. Ni que decir tiene que todo el mundo era consciente de que hablar de nacionalidades era referirse a Cataluña. País Vasco y Galicia.
Sobre esta cuestión el Tribunal Constitucional, tras el recurso de inconstitucionalidad interpuesto por PP, declaró inconstitucionales varios artículos del Estatut (que ya había sido aprobado en referéndum por el 73´9% de los votantes, el 48´5% del censo), sentenció el 9 de julio del 2010:
  • La Constitución no conoce otra (nación) que la nación española.
  • Puede hablarse de naciones como una realidad cultural, histórica, lingüística, social y hasta religiosa.
  • La nación que aquí importa es única y exclusivamente la nación en sentido jurídico-constitucional.
De lo expuesto hasta aquí pueden sacarse algunas conclusiones:
  • El debate sobre nación y nacionalidad es bastante serio y no el capricho de algunos exaltados. Los testimonios que anteriormente he expuesto y que son una brevísima muestra de los que existen, así lo confirman.
  • Tras las palabras del Tribunal Constitucional sobre las naciones como realidades culturales, históricas, etc. puede deducirse, haciendo abstracción del hecho religioso, que Cataluña sólo le falta para ser nación acceder a la condición de realidad jurídico- constitucional. Es decir un cambio constitucional. Una cuestión puramente política en la que los protagonistas son el Pueblo español, las Cortes Generales, el Pueblo catalán y sus instituciones de Autogobierno.
  • En consecuencia los discursos esencialistas y nostálgicos de una Historia idílica que nunca existió, no ayudan a abordar determinadas cuestiones que exigen tacto, paciencia, prudencia, actitud democrática, voluntad de conocer y algún conocimiento de la Historia y las realidades de los pueblos de España. (Continuará)

martes, 5 de septiembre de 2017

Stop Manipulación: No a la utilización del nombre y la imagen de Julio Anguita

Como en otras ocasiones Julio vuelve a ser víctima de la utilización política que se hace de su imagen y su nombre.  No se cansa de repetirlo: él no utiliza ni Facebook, ni Whatsap, ni Twitter… para dar a conocer sus opiniones. Es una situación cansina mezclada con la impotencia por lo repetitiva que desde 2012 se viene denunciando.
Hoy el tema elegido ha sido Cataluña y el referéndum del 1-O. Desde el Colectivo Prometeo y desde el Frente Cívico “Somos Mayoría” os pedimos por una parte que nos ayudéis a clarificar el equívoco, desmintiendo que Julio sea la fuente o el autor y por otra parte os anticipamos que en los próximos días publicaremos en la web estatal del FCSM un amplio  artículo de Julio que recogerá  su opinión sobre Cataluña.
Sin necesidad de “fakes” interpuestos, sin rehuir el debate y como siempre dando la cara.

 “Captura del ‘fake’ de nuestro compañero Julio Anguita”

martes, 25 de julio de 2017

El Compareciente

                       Mañana a las 9 (anotad la fecha: miércoles 26 de Julio) Mariano Rajoy saldrá de ese armario de la Moncloa que cobija tantos cadáveres políticos, para mostrar a la Ciudadanía y al Mundo “lo bien que funcionan las instancias judiciales hispanas”. Como todos sabemos y nadie cuestiona la Justicia española trata siempre con el mismo rasero al poderoso y al pobre, al delincuente de cuello blanco y estafa segura que al carterista del tres al cuarto............ Click aqui, para leer articulo.



viernes, 21 de julio de 2017

Las Cloacas de Interior

En este documental de Mediapro puedes comprobar que todo lo que pensábamos sobre las sucias prácticas políticas del PP... se quedaba corto. La impunidad, la corrupción, el neofranquismo campando por sus anchas. La síntesis de la productora es la siguiente " Las malas prácticas y la corrupción en el Ministerio del Interior a partir de las grabaciones entre el ministro Jorge Fernández Díaz y Daniel de Alfonso que reveló el diario Público en junio de 2016. Con testimonio en exclusiva de dos comisarios y un sargento de la guardia civil, desvela una red de intereses y corruptelas que va más allá de la persecución a los enemigos políticos, que configura una trama de favoritismos y corruptelas que implica a policías, jueces, fiscales y empresarios: una estructura dentro del estado que ofrece sus servicios a los más poderosos. El documental repasa también las malas prácticas en el Ministerio del Interior desde el inicio de la transición"


lunes, 17 de julio de 2017

El Palé




Fuente: Colectivo Prometeo

            Hace varias décadas que en España se puso de moda un juego de mesa denominado El Palé. Con la base material de un tablero, unos dados, unas fichas representativas de fincas urbanas, cantidades de dinero y otros bienes inmuebles, los participantes se sumergían en el glamuroso mundo de las finanzas, las operaciones bursátiles y el estímulo de desposeer a los demás de las riquezas y bienes en juego. Y así, de la misma manera que los niños de Moguer jugaban a asustarse tal y como describía Juan Ramón Jiménez, los jugadores del Palé jugaban a creerse, por unos momentos, que formaban parte del poder económico y de su juego de intereses. Todo empezaba y terminaba en el tablero. La realidad cotidiana seguía su curso inmutable.También desde hace décadas, la política española se ha instalado en su particular Palé. El tablero, las instituciones. Los dados, el azar electoral cada vez más previsible y preformado por agentes mediadores de la economía y la comunicación. Las fichas, sombras de la riqueza anhelada al igual que las otras sombras divisadas desde el interior de la caverna del mito platónico. Los jugadores desempeñan perfectamente su rol. A veces aparecen situaciones y jugadores que por su audacia, presencia, juventud, frescura y atipicidad hacen pensar que se puede trascender el juego y cambiar sus reglas. Pero el Palé, basado en el acatamiento de las reglas y la cómoda ensoñación termina por prevalecer.
             La política española ha devenido en un juego exclusivo de instituciones, contiendas electorales (con toda su cohorte de encuestas, frivolidades mediáticas y naderías a granel) y juego de alianzas en torno a las expectativas de acceder a la gobernabilidad de esta o aquella Administración del Estado. Es decir la política queda reducida al juego institucional y las posibles variables de agregación de siglas en torno a la presencia en la gobernación de esas instituciones. .El juego comienza a transmutarse en sustitutivo de la realidad. Sobre todo si seguimos entendiendo a la Política como la acción consciente y compartida para incidir en las condiciones económicas, sociales, culturales, éticas y de valores de las sociedades humanas .Es decir la Política como posibilidad de cambiar de juego y de reglas.
             Sobre un tablero en el que las palabras derecha e izquierda se constituyen en los referentes únicos para posicionarse y jugar, los actores políticos que aceptan el juego no tienen más opción que agruparse o buscar el entendimiento con las siglas supuestamente más afines en nombre de la obligatoriedad de hacer frente común contra las siglas que, también supuestamente, representan a la otra palabra Con esta actitud se llega a una simplificación de la política tal que las posibilidades de otras opciones sobre las reglas del juego son presentadas como marginales, atípicas o simplemente fuera de la realidad. En el tablero así concebido, derecha e izquierda son únicamente roles para un único juego; cambian los continentes pero quedan incólumes los contenidos. El Palé político, a fuerza de cansino, repetitivo, inane y defraudador de esperanzas, deviene en un juego exclusivo para iniciados, ante la indiferencia generalizada de quienes hace tiempo se hartaron de apostar, jugar y consumir ilusiones, expectativas y tiempo. Y es que el Palé político es como su homónimo lúdico, un juego, un pasatiempo, un afán que como el de la mariposa termina ardiendo en el objeto de su atracción.
              ¿Es posible cambiar? ¿Se puede trascender el juego cambiando el tablero, las fichas y los objetivos? ¿Se pueden sustituir los dados de la fortuna, el azar o el acaso por criterios sólidos, conscientes, concretados y pegados a la realidad de la mayoría y sus necesidades?
              Creo que todavía se puede, siempre y cuando los que deseen ese cambio vayan abandonando el Palé político y diseñen, un nuevo tablero en el que desaparezcan las simples referencias verbales y se sustituyen por propuestas, proyectos, programas, valores y presupuestos éticos sin concesiones a los medios, la opinión publicada o a quienes administran con carácter exclusivo la agenda política, la social y las reglas del juego.
              Imaginemos que una fuerza política con voluntad de servir a la mayoría ciudadana se visualice fundamentalmente por sus propuestas y proyectos. Imaginemos que esa fuerza política haga bascular su relación con las demás y con la sociedad en torno a líneas de trabajo para el ahora inmediato y para el mañana y sus afanes. Imaginemos que sus dirigentes, militantes, simpatizantes y votantes hacen del programa la referencia más visualizada ante la sociedad. Esa fuerza política será la el salario mínimo, la del Stop a los desahucios, la del trabajo garantizado, la del cambio en el Código Penal para delitos de corrupción, la de afrontar la situación del cambio climático, la agricultura, las aguas, la repoblación forestal y la seguridad alimentaria, la de programar el futuro para una juventud sin él, la de la intervención de los poderes públicos para garantizar la protección social plena, la de un contraproyecto de UE, la del rescate de la Democracia raptada por tramas, poderes fácticos, cloacas del Estado y demás sicarios del status, la de un nuevo Estado Español, etc. etc. etc.. Pero fundamentalmente la fuerza política que sea capaz de dirigirse a la mayoría ciudadana y con el proyecto en la mano preguntarle: ¿Y vosotros que estáis dispuestos a hacer para conseguirlo?
              A partir de ese cambio de tablero, el juego ya no es tal. No es un pasatiempo ni tampoco una ficción. Es la toma en propias manos del destino colectivo tal y como ´señalaba Antonio Gramsci: “Una fantasía concreta que actúa sobre un pueblo disperso y pulverizado para suscitar y organizar su voluntad colectiva”
             A la luz de esa nueva visión, de esa nueva forma de entender el ejercicio de la Política, de ese nuevo tablero en el que no se juega sino que se actúa sobre la realidad, la danza y contradanza de alianzas, declaraciones pública, juegos mediáticos y demás aditamentos del alienante Palé político, quedaría reducida a sus estrictos términos: un juego para distraer el hambre.

Presidente del FCSM
De vocación y profesión maestro. Licenciado en Historia Moderna y Contemporanea por la Universidad de Barcelona. Llegó a la politica de la mano del PCE aun en la clandestinidad. Fue alcalde de Córdoba. Actualmente es el Presidente del Frente Cívico "Somos Mayoría" y miembro del Colectivo Prometeo.

sábado, 15 de julio de 2017

Odio de Clase



                    El conglomerado ideológico cohesionado por el pegamento de intereses económicos y dominio que se alinea alrededor de la Derecha española nos demuestra -día sí y al otro también- que a nuestra “lucha de clases” contrapone el “odio de clase”. Basta con ver sus caras abucheando a Carmena, la bilis que escupen por el colmillo para insultar a Unidos Podemos o la sarta de mentiras pergeñada alrededor del golpista venezolano Leopoldo López, padrino de las guarimbas que tanta muerte y dolor han causado en la República Bolivariana, para constatar hasta qué grado de irracionalidad llegan en la defensa de sus privilegios.
                 En estos meses veraniegos la violencia verbal del Conservadurismo hispano (también ocurre a escala mundial) sigue creciendo y el laxo barniz de constitucionalistas demócratas que se dieron a su pesar en los años setenta ya no tapa la compulsión totalitaria. Debe ser que el mes de Julio les pone de tanto celebra con padres y abuelos el “Alzamiento”. Cosas de la Genética.
                  A quienes identifican la Patria con una bandera y una pulsera, nunca con la gente que habita el territorio al que consideran su cortijo, no hace falta explicarles la teoría de las dos orillas que tanto repelús genera en algunas mentes teóricamente “nuestras”. Porque tienen asentados los pies en la suya, esa rivera donde la explotación, corrupción, rapiña de la riqueza pública… campa por sus anchas mientras ubican a quienes no compartimos su fanatismo capitalista en la contraria. Sin medias tintas.
                 Es lo que tiene pelear -sin reglas, una vez permitidas trampas y triquiñuelas- por mantener un “status” al que consideran herencia natural y no importar que los cimientos se asienten sobre la Injusticia. Lo del “juego limpio” no va con ellos pues están vacunados contra la viga en el ojo propio aunque detecten la mínima mota de polvo en el ajeno.
                Ayer vinieron disfrazados de señoritos andaluces, terratenientes castellanos e industriales catalanes, sostenidos por la cúpula militar y bendecidos por la jerarquía católica.
Hoy se nos presentan bajo la forma de grandes empresarios o dueños de multinacionales que en lugar de látigo utilizan contratos basura y pérdida de derechos. Sus métodos logran el mismo efecto pero las antiésteticas cicatrices no las dejan en la piel, solo en las mentes.
                  Ayer, hoy, siempre… vienen escoltados y jaleados por esos peones de brega que viven como éxito propio una estructura social y económica que solo beneficia a la cúspide. Los palmeros que aplauden a rabiar las migajas derramadas en forma de donaciones por ese 10% de favorecidos, con las que intentan ocultar el destrozo ocasionado por sus ansias privatizadoras. Obviando que para arreglar el desaguisado no haría falta limosna, basta que un Estado fuerte recaudase los impuestos directos bajo la premisa de quien más tiene más debe contribuir. En una sociedad compleja nadie está aislado.

            Pero exigirles tributar conforme a sus capacidades implica cortar la lógica funesta de quienes históricamente utilizaron el control del Gobierno y la administración pública en beneficio propio.
Si hay un tema que ejemplifique hoy con nitidez el “odio de clase” ese es la Memoria Histórica. El vodevil representado hace unos días por el PP, manoseando sin escrúpulos el recuerdo de Miguel Ángel Blanco sirve de ilustración. El Ultramontanismo español no cultiva la memoria histórica, solo la selectiva. En ella no hay lugar para muertos que no sean los suyos por lo que ningunean -objetivo: causar el máximo dolor- a otras víctimas.
               Tod@s nos conmovimos por la vileza del secuestro y asesinato del concejal de Ermua. Por eso inundamos las calles sin tener en cuenta el color político de la víctima. Pero el respeto a la persona torturada y salvajemente ejecutada (mucho más respeto que el demostrado por quienes vincularon la Fundación que lleva su nombre a las sucias andanzas de la Gurtel) no puede hacernos callar ante el descaro de su utilización partidista.
             Si debemos poner rostro a las atrocidades: ¿por qué no el de Ernest Lluch? ¿O el de tantos políticos, policías, guardia civiles, militares…? ¿Qué tal el de Javier Verdejo, Yolanda González, caso Almería, víctimas del GAL, abogados de Atocha, muertos en manifestaciones, víctimas del 11M…? ¿Por qué nunca el de las decenas de miles de personas asesinadas que ¡desde hace ochenta años! se pudren en cunetas y parajes desconocidos?
                La cara de María del Mar Blanco es igual de digna que la de Ascensión Mendieta, no más. Y el dolor de los familiares de unas víctimas no es mayor, ni tiene un valor superior al de otras. Porque una herida no se cerrará nunca desde la negación, ni dando subvenciones para repatriar los restos de quienes fueron a combatir junto a Hitler en la División Azul mientras se niega la más mínima asistencia a la recuperación de los restos de los republicanos represaliados.
              Quienes se han opuesto sistemáticamente a condenar el Franquismo no piden olvido para reconciliar, piden Amnesia para mantener la impunidad hasta hoy disfrutada.
                Y ello permite a “portacoces” tipo Hernando o Casado seguir recochineándose de las familias afectadas cuando la ocasión deja el mínimo hueco. Si el Partido Popular como organización hubiese tenido solo el 1% de respeto que la Izquierda de este país ha tenido con sus víctimas, hace decenios que el asunto de las fosas estaría zanjado. Porque hubiese cumplido la única voluntad de las familias afectadas: darle a los suyos el entierro digno que la Dictadura impidió durante 40 años. En este tema el “atado y bien atado” de Franco siempre ha pesado como una losa. Debe ser que para la élite “todos los muertos son iguales pero algunos más iguales que otros”.

             El gran problema es que cuando el Sistema vuelve a tirar de soberbia y muestra su rostro más tenebroso (ninguneo a la oposición, medalla a Martín Villa, petición de 50 años de cárcel para la pelea de Alsasua…) es porque se siente fuerte. Si su baza es el absoluto control de los medios de difusión ideológica para imponer el pensamiento único, motivos tiene.
              Quienes han sido capaces de sembrar en el imaginario colectivo español la idea de Venezuela como problema que nos afecta a tod@s y a la vez no dedican un segundo a los periodistas y activistas asesinados en México o Colombia, quienes tienen el desparpajo de hablar de “presos políticos” sin darse antes una vuelta por las cárceles españolas y leer las condenas de Alfón, Andrés Bódalo o Fran Molero o quienes reivindican como ejemplo de libertad a una oposición que -siguiendo las directrices de la CIA – hace bandera de la muerte y la violencia cuando en España meterían en la cárcel bajo axioma de “todo es ETA” a cualquier bicho viviente, deberían hacérselo mirar. Pero claro, Ética y grandes cadenas de televisión, radio y prensa hace años que mezclan tan bien como el agua y el aceite.
                Son “malos tiempos para la lírica” como diría la canción. A ellos contribuyen las poses silentes que rehúyen el compromiso. Para saber lo que nos espera basta con contemplar la demoledora foto hace unos días de González-Aznar -Zapatero. Y mientras que a las palabras de ese PSOE redivivo encarnado por Sánchez no las acompañen los hechos (la abstención en la votación del CETA o su alineamiento con Ciudadanos y PP para cerrar la comisión de investigación sobre Fernández Díaz no parecen indicar lo contrario), tenemos el derecho a pensar que toda la maniobra de enfrentamiento entre el secretario defenestrado y el aparato del partido solo era un azucarillo diluido con el objetivo de recuperar el control de la pata Izquierda del engranaje bipartidista. Sin ella no puede funcionar el Régimen Borbónico.
                 Y si esa sensación termina confirmándose (sinceramente me gustaría equivocarme) asistiremos a un recital de gestos estéticos, de los que no preocupan porque no alteran las relaciones de poder, puños en alto e Internacional incluidos, para permitir al ungido Sánchez rebautizarse en el Jordán de la Izquierda aunque el agua por la cabeza se la eche alguien de la cuerda de Susana Díaz.
               ¿Y nosotros qué? En primer lugar ratificar lo dicho tantas veces: si no existiera Unidos Podemos, estaríamos obligados a inventarlo. En segundo lugar no olvidar nunca que nuestros errores serán diseccionados con un microscopio nuclear y que nuestras contradicciones, por tibias y lejanas que sean, serán acercadas al gran público por el hermano mayor del telescopio de Las Palomas. No podemos dejar rendijas abiertas. Por ellas introducen los clavos para crucificarnos.
                 Al empezar ayer a escribir esta reflexión, algún@s querid@s compañer@s me enviaron la noticia del ofrecimiento del PSOE de Castilla-La Mancha (ejemplo de lucha y garantía de transformación social por las narices) a Podemos. Ignoro el recorrido de la propuesta pero si al final se materializa y el partido morado termina ocupando cargos y carteras, creo que estaremos ante un error similar al cometido en la legislatura pasada por IU en Andalucía. Si aceptas no solo legitimas al PSOE sino que le ofreces el liderazgo mientras tú te debilitas al caer en la trampa del “todos son iguales, lo único que les interesa es el cargo”.
                Plantearse gobernar es decidir si el Gobierno será para la mayoría social o para la minoría. La experiencia nos enseña que es incompatible gobernar para la mayoría si lo haces de la mano del partido de González, ese que durante decenios tuvo la habilidad de construir un discurso público y hacer lo contrario en la práctica.

                El recuerdo del engaño repetido está aún presente en un amplio sector social que piensa que la transformación es algo más que una palabra huera, una pose y una canonjía en forma de Consejería. Por eso no traga con componendas.
                 Escuchar y hablar con todo el mundo. Pactar solo ante un “programa, programa, programa” nítido y con los pilares de transformación diáfanos, nada de generalidades. Medidas cuantificables, claras y aplicadas sin complejos desde el primer minuto. La improvisación y el parche son malos consejeros.
Se puede impedir el acceso del PP a las Instituciones (prioridad máxima) sin legitimar políticas similares a las practicadas por la ultraderecha que gobierna España. Se debe forzar al PSOE a que elija entre una “gran coalición de facto” o ganarse las habichuelas políticas consensuando leyes de progreso. No hacen falta carteras.
                Se impone la práctica de ese “discurso profético” que teoriza Julio Anguita. No en el sentido bíblico de acertar a posteriori una vez que has conocido (“El gobierno de Rajoy será un desastre”. Cien por cien verídico cuando escribo en el 2017).Tampoco siguiendo el modelo de interpolación y deformación de la realidad propio de los textos cristianos del siglo IV cuando el nuevo partido que ni existía ni era nada, impulsado por el poder imperial y el capricho de Constantino, se hace dueño y señor de las mentalidades.
Sí en la acepción de diseccionar la realidad que te circunda y emitir una opinión. Sabiendo que ésta será primero ridiculizada, luego ninguneada y después olvidada para al cabo de los años escuchar el “¡Cuánta razón teníais en el análisis!”
               De la OTAN hasta Maastricht, pasando por la corrupción adherida a la dermis del sistema juancarlista o la falta de escrúpulos del Capitalismo, los vaticinios se han ido cumpliendo. Pero nunca olvidemos que tras las ideas lanzadas no había adivinos ni artes mágicas, solo un análisis de la realidad circundante – lo más riguroso posible- adobado con gotas de Marxismo.
                 Sigamos insistiendo pese al riesgo cierto de que tanta bulla profética termine viéndose por amplias capas populares como un coñazo.
             No olvidemos nunca. A los niet@s de los que perdimos pueden acusarnos de tener muchas carencias. Nunca de que nos falte Dignidad.


                                                       Coordinador FCSM
De Cabra (Córdoba). Licenciado en Filosofía y Letras. Profesor de Geografía e Historia desde 1989. Militante del PCE, participó en la fundación de Convocatoria por Andalucía y de Izquierda Unida. Concejal de IU en Cabra y en Constantina en los 80/90. Miembro de los Comités antiOTAN y del MOC, Colectivo Prometeo y Frente Cívico. Sindicalista de USTEA.

Fuente: Colectivo Prometeo

miércoles, 12 de julio de 2017

Hablar de unidad en serio: elecciones constituyentes.

 Fuente: Cuarto Poder
     No hay que equivocarse demasiado. La decisión fundamental que debe de tomar Pedro Sánchez es clara: disputarle el espacio político electoral a Unidos Podemos y desde ahí irse hacia el centro o construir una alternativa unitaria a las derechas y a sus políticas neoliberales, es decir, construir un nuevo espacio más allá del PSOE y de Unidos Podemos. Es posible –se ha hecho muchas veces– intentar lo uno y lo otro a la vez bajo el viejo principio de “se hace pero no se dice”. La clave, sin embargo, es que por primera vez desde la Transición, las fuerzas democráticas y de izquierdas están en condiciones de conseguir una mayoría social y electoral extremadamente potente y convertirse, sistema electoral mediante, en una mayoría absoluta en ambas cámaras. Este objetivo es posible y necesario para una parte significativa de nuestro pueblo.


   La unidad nunca ha sido fácil, dependerá de la correlación de fuerzas real, de la presión social unitaria, de la madurez de las direcciones políticas y, sobre todo, de la inteligencia de un grupo dirigente a la altura de los desafíos del presente. La unidad en sí misma es ya una batalla política por el relato, por y para los juegos de estrategia y, sobre todo, para medir la sinceridad de las apuestas públicas. Más allá de lo que pensemos de Pedro Sánchez, debemos de partir de la percepción social que lo considera un rebelde a la clase política dominante y, específicamente, a la dirección tradicional del PSOE. Sánchez ha dado una batalla política en el peor de los escenarios y la ha ganado, demostrando que hay una parte mayoritaria del PSOE que quiere un partido escorado a la izquierda y opuesto con firmeza a la derecha y sus políticas. El viejo/nuevo secretario del PSOE ha practicado –lo podríamos llamar así– las políticas pro régimen tradicionales en su partido que, no se debe olvidar, le llevó a la derrota y a ser dimitido por una amplia alianza mediático-política que llevaba incorporada al felipismo arcaico y a los barones de su partido ligados a la virreina del Sur. Sánchez tiene la legalidad y la legitimidad del partido, al menos tan grande como la que tuvo Felipe González a su retorno como secretario general del PSOE.

   Pervive la tentación de la vieja política de alianza con Ciudadanos para impedir un acuerdo con Unidos Podemos e intentar reducirlo a su más mínima expresión social y electoral. Esto se ha dicho y se ha defendido en los días posteriores al triunfo de Pedro Sánchez. Ahora bien, una cosa es lo que se quiere hacer y otra lo que se puede hacer; en medio, la inteligencia y la audacia de Unidos Podemos, no para disputarle sin más el espacio electoral al PSOE, sino construir una hegemonía alternativa en la sociedad. UP no puede perder su tiempo en demostrar quién es más de izquierdas y en jugar el partido en el territorio que más le conviene a una parte del PSOE. Lo fundamental sigue siendo la voluntad de gobierno y de alternativa, pensar en grande y definir un nuevo proyecto de país, lo que podríamos llamar una salida democrática y plebeya a la crisis del régimen, bloquear la restauración y construir las bases de un nuevo país.
   Sánchez, lo ha podido ver con el CETA, si quiere construir un espacio unitario alternativo, va a tener que enfrentarse, en primer lugar, a los poderes fácticos que le obligaron a dimitir y que ejercen un doble veto: a las políticas que se enfrentan al modelo neoliberal y a la posibilidad de un gobierno PSOE/UP, es decir, un PSOE oposición también a la derecha económica, a la trama, es decir, a los que mandan y no se presentan a las elecciones. En segundo lugar, insisto de nuevo, debe definir con mucha precisión sus relaciones con UP, si está dispuesto o no a iniciar un proceso para construir una alternativa de gobierno, de sociedad y de Estado desde un talante que implique convergencias reales, políticas, programáticas y hasta electorales. Seguramente la señal más significativa sería un acuerdo para reformar la ley electoral que permita desbloquear uno de los fundamentos del régimen actual impuesto en la farragosa Transición. En tercer lugar, se trata de explorar, debatir y consensuar las bases de un programa común con el objetivo explícito de superar las políticas neoliberales, construir un nuevo modelo productivo y de poder, social y ecológicamente sostenible, desarrollar las libertades republicanas y garantizar un nuevo tipo de Estado federal plurinacional; todo ello desde una lectura alternativa feminista a la actual Constitución.
    Unidos Podemos debe de ir, en serio y sinceramente, a convertir la unidad en un debate de masas en nuestro país, partiendo de las necesidades de las personas y teniendo como objetivo un nuevo proyecto para nuestro país. La unidad no es, máxime cuando estamos en un Estado plurinacional, solo una cuestión entre UP y el PSOE. Debe de ir más allá de las fuerzas políticas incorporando a sindicatos, a los movimientos sociales y, sobre todo, a los jóvenes. Debe de partir de que hay una sima, una ruptura entre política y sociedad y que es necesario, hoy más que nunca, un nuevo contrato político social constituyente capaz de socializar la política y democratizar la democracia.
    Unidos Podemos, en convergencia o en paralelo con el PSOE, debería aspirar a construir algo así como “Unos Estados Generales por la Alternativa” o “una Gran Asamblea por la Alternativa ciudadana” capaz de soldar una alianza político-social de base programática que pudiera servir de sostén a un acuerdo electoral que podríamos llamar constituyente. Esta asamblea discutiría de abajo a arriba un conjunto de propuestas alternativas capaces de organizar una esperanza concreta y posible que engarce con el imaginario social y que se convierta en una fuerza política con vocación de mayoría. Los puntos –lo digo a título de ejemplo– podrían ser los siguientes:
  1. Las relaciones de España con la Unión Europea. Se trataría de garantizar la soberanía popular, es decir, nuestro derecho a decidir las políticas sociales y económicas que queremos para nuestro país, rechazando un pensamiento único que ha devenido en política única y que está destrozando nuestras democracias.
  2. Concretar un nuevo modelo productivo y de poder que garantice un desarrollo ecológico y socialmente sostenible partiendo de las necesidades básicas de las personas.
  3. La garantía constitucional de los derechos sociales fundamentales, yendo más allá del actual Estado social y organizando una política económica que consolide la justicia social, las libertades republicanas y la relación armoniosa con un medio natural sobreexplotado y que nos deja sin futuro.
  4. La construcción de un Estado plurinacional federal que reconozca la libre autodeterminación en una nueva sociedad democrática donde todas y todos quepamos.
  5. La defensa de la soberanía popular requiere, aquí y ahora, una apuesta internacionalista fuerte que garantice un orden mundial democrático e igualitario, defensor de la paz y empeñado en poder fin a una carrera de armamentos que nos conducirá, más temprano que tarde, a la guerra.
    Se podrían añadir más puntos; en concreto hay dos cuestiones que merecen una reflexión de fondo. Me refiero al feminismo y a la siempre “vieja y nueva” “cuestión juvenil”. No es el lugar para desarrollar estos temas. Lo he hecho muchas veces y pronto iré más allá de la simple enumeración. La clave es “el momento constituyente”. Construir un espacio transversal más allá del PSOE y Unidos Podemos nos da la posibilidad de ir a un proceso constituyente en nuestro país. Para eso hace falta organizar un verdadero “poder constituyente” en la sociedad, comprometido con el ejercicio del autogobierno del pueblo y en la perspectiva –ya se ha dicho– de un nuevo tipo de Estado, de sociedad y de régimen. Unidos Podemos necesita ir más allá de una simple coalición electoral construyendo comités unitarios de Unidos Podemos en los pueblos, en los barrios, en los centros de trabajo. Será el primer dato de un “nuevo comienza unitario” y la mejor demostración de que vamos en serio a la unidad y a la convergencia para cambiar nuestro país.
 Manolo Monereo
Miembro del Colectivo Prometeo, FCSM, y Diputado Unidos Podemos Córdoba.